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Los grandes puertos

  • Modalidad: Bicicleta
  • Recorrido: Circular
  • Dificultad técnica: Difícil tal y como se describe, aunque se puede hacer más fácil tomando un camino alternativo.
  • Dificultad física: Difícil
  • Distancia total: 41'5 kilómetros
  • Altitud de partida: 1190 m. (aparcamiento público de la Avda. de la Sierra de Guadarrama en Cercedilla)
  • Altitud mínima: 1185 m. (calles de Cercedilla)
  • Altitud máxima: 1858 m. (Puerto de Navacerrada)
  • Desnivel acumulado: +/- 1200 metros (ascensiones a puertos de Navacerrada y Fuenfría, más varios desniveles en caminos)
  • Tiempo: 4 horas y media
Si uniésemos mediante líneas rectas todos los pasos de montaña de la Sierra de Guadarrama, resultaría que, en un espacio de apenas 10 Km. encontraríamos concentrados los tres puertos de mayor altitud: Fuenfría, Navacerrada y Cotos. En esta ruta no solo vamos a pasar por ellos, sino que, además, nos adentraremos en tierras segovianas para cruzar a través de los fantásticos Montes de Valsaín.

Partimos del aparcamiento público situado en la Avda. de la Sierra de Guadarrama en Cercedilla. A poco más de 300 metros, giramos a la izquierda para subir por la Avda. de Manuel González de Amezúa en dirección al polideportivo. Después, la calle baja y, cumplido el primer kilómetro de nuestro itinerario, se convierte en el Camino del Calvario, por el que hemos de ascender, ignorando cualquier posible desvío, en dirección al Embalse de Navalmedio.

Embalse de Navalmedio
El Camino del Calvario vierte, en el Km. 2'5 de nuestro recorrido, en una pista asfaltada junto a la Casona de Navalmedio. Continuamos por ella y, poco más adelante, llegamos al lado de una valla provista de una puerta que permite continuar pista adelante para recorrer el perímetro del pantano. Pero no seguimos por ahí, sino que tomamos el sendero que discurre por la parte superior y al que se accede abriendo una portilla, situada a nuestra derecha, justo antes de llegar a la valla.

En el Km. 3'6 de la ruta, el sendero desemboca en un camino por el que continuamos la ascensión. Inmediatamente, cruzamos sobre el río Navalmedio. En esta zona vemos cómo el bosque, hasta aquí variado, cede al dominio del pino silvestre. En el Km. 4'9 hay que vadear el río, lo cual, en condiciones normales de caudal, se puede hacer fácilmente sin apearse de la bicicleta. Comienzan entonces unas duras rampas en las que, tras una pronunciada curva a la derecha, llegamos a la zona donde se encuentra el Árbol Encadenado.

Árbol encadenado
Es un pino silvestre rodeado en su base por una cadena de cuyos eslabones penden letras y números forjados en metal y que forman la siguiente frase: "A su querida memoria - 1840-1924". Se trata del homenaje de un hombre a su padre fallecido -para mayor detalle se puede realizar una búsqueda en Internet- y el ejemplar ha sido incluido en el Catálogo de Árboles Singulares de la Comunidad de Madrid.

Tras continuar subiendo una pronunciada rampa, en el Km. 5'6, desembocamos en el Camino Forestal de la Vaqueriza, que procede de El Ventorrillo y que hemos de tomar girando a la izquierda. A partir de aquí las cuestas no son tan exigentes, aunque, para compensar negativamente, el terreno se irá complicando más arriba con zonas pedregosas y difícilmente practicables. En el Km. 7, en la bifurcación, nuestro camino es el de la parte superior. Poco después, tras cruzar un pequeño arroyo, será necesario continuar a pie, ya que el terreno es demasiado irregular y pedregoso como para hacerlo sobre la bici.

En las inmediaciones del Km. 9 llegamos a la zona urbanizada del Puerto de Navacerrada y entramos en la Calle Virgen de las Nieves, junto a la estación de ferrocarril. Siguiendo el trazado de la calle iremos a salir, junto al Mirador de Pinar Baldío, a la carretera M-601.

Pinar Baldío y cabecera del Valle de Navalmedio
Tras un kilómetro de ascensión por la carretera, coronamos el Puerto de Navacerrada (1858 metros), situado en el Km. 10'7 de la ruta. Habremos tardado algo menos de 2 horas en llegar aquí. Hacia el Norte, a nuestros pies, se abre el Valle del río Eresma, alimentado por una multitud de arroyos que discurren entre el inmenso Pinar de Valsaín, por el que transitaremos buena parte del recorrido. Los Montes de Valsaín superan las 10.000 hectáreas de extensión y aunque en él crecen numerosas especies arbóreas, se caracteriza por el dominio absoluto del pino silvestre.

El Pinar de Valsaín, con las copas de los árboles espolvoreadas de nieve.
Girando a la derecha, tomamos la carretera que se dirige al Puerto de Cotos (1830 m.), también llamado Puerto del Paular. Es un bonito tramo de aproximadamente 7 kilómetros prácticamente llanos que recorreremos en unos 20 minutos y por el que iremos disfrutando de excelentes vistas sobre la vertiente segoviana. Unos metros por debajo de nosotros discurre la vía férrea que llega hasta este lugar y que es muy usada por excursionistas que se dirigen, principalmente, al cercano macizo de Peñalara.

Estación de tren en el Puerto de Cotos
Nos encontramos en el Km. 17'6 de nuestro itinerario. Desde el puerto sale, hacia el Oeste, el Camino Viejo del Paular, cuyo trazado sigue el curso del arroyo que lleva su nombre y por el que hemos de descender a través del interminable pinar. El primer tramo de este camino suele estar en mal estado por culpa de la abundante escorrentía que lo llena de piedras y barro, pero no hay que preocuparse porque, menos de un kilómetro más abajo, ya se transforma en una pista forestal bien conservada.

En el Km. 20'8 vierte en una pista asfaltada que tomamos hacia la izquierda para seguir bajando. Cerca del Km. 22, entre el cauce de un par de arroyos, seguimos de frente, ignorando la vía que nace a la izquierda. En el Km. 23'3 salimos, cruzando una puerta metálica, a la carretera CL-601 que baja desde el Puerto de Navacerrada hacia San Ildefonso. La cogemos hacia la derecha, descendiendo por la misma durante medio kilómetro y, al llegar junto a una casa, la abandonamos, girando a la izquierda y tomando la pista forestal asfaltada que se adentra en el pinar por la otra vertiente del valle. Es el Km. 23'8 de la ruta.

Tras un primer tramo descendente, hasta llegar junto al cauce del Arroyo Minguete, comenzamos la ascensión. Al principio es bastante suave pero, poco después de cruzar sobre el Puente de Minguete, se endurece notablemente. Hay que afrontar un tramo de casi 2 kilómetros con una pendiente media que supera el 11% de desnivel. Así llegamos junto a la Fuente de la Reina, en el Km. 28'9, donde hay una encrucijada.

Fuente de la Reina
Si alguien va sobrado de fuerzas, en este punto le recomiendo que continúe hacia el Sur. Tras pasar una pradera donde hallará los restos de la antigua Venta de Fuenfría, el camino recto comienza a rodear el Cerro de la Camorca (1814 m.). La ascensión a este cerro resulta bastante sencilla y el premio por el esfuerzo es maravilloso. Arriba hay un refugio y una caseta de vigilancia forestal. Las vistas son espectaculares, quizás las mejores en toda la zona. Se ve claramente la ciudad de Segovia, así como los valles que forman el Eresma y la Acebeda, las poblaciones, entre otras, de Valsaín y San Ildefonso, y algunas de las más relevantes cumbres serranas.

Quien desee continuar con la ruta (la variante sugerida en el párrafo anterior no está considerada en la misma), ha de hacer un fuerte giro a la izquierda, tomando la ancha pista de tierra que continúa subiendo, ahora ya con rampas más suaves, en busca de nuestro último puerto de la jornada. Este era el camino habitual entre Madrid y Segovia, restaurado a principios del S. XVIII, bajo el reinado de Felipe V, quien realizaba este recorrido habitualmente para visitar el Palacio de la Granja, mandado construir por el monarca en el sitio de San Ildefonso. Sin embargo, cayó rápidamente en desuso cuando, a finales del mismo siglo, ya bajo el reinado de Carlos IV, se abrió el paso del Puerto de Navacerrada.

En el Km. 30'2 pasaremos junto a las ruinas de la Casa Eraso (Casarás) entre las que destaca el Pabellón de Casarás.

Ruinas de Casarás
En este lugar, Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, sufrió una fuerte indisposición, provocada por las fatigas del viaje a través de estos duros caminos de montaña, cuando se dirigía al Palacio de Valsaín, que su marido había mandado reformar a mediados del S. XVI y a donde acudía a veranear antes de la finalización de las obras de El Escorial. La reina consorte, que años atrás había sufrido un aborto y hubo de ordenar traer a Madrid los, ya de por sí, viajeros (es una larga historia) restos de San Eugenio, para que sus santos poderes favoreciesen un nuevo embarazo que no acababa de producirse; estaba por entonces encinta -no se sabe si por intercesión del santo- de Isabel Clara Eugenia, la primera de las dos hijas que tuvo antes de morir meses después de enfermar tras su segundo parto. Como consecuencia de aquella indisposición del viaje, y siguiendo los consejos de Francisco de Eraso, secretario real y de los Consejos de Inquisición y de Indias, se ordenó la construcción de este complejo para que los soberanos y su cortejo pudiesen hacer parada y descanso en sus viajes tramontanos sin tener que compartir espacio con las gentes de toda condición que hacían lo mismo en la venta de la Fuenfría, ubicada, poco más abajo, en una pradera cercana a la fuente de la Reina. La construcción cayó en desuso y quedó condenada a la ruina cuando se abrió, posteriormente, el paso de Navacerrada.

--- Aviso: Ver notas al final de esta página ---

Tras esta "breve" divagación, pongo a continuación unas imágenes que explican el porqué de la elección de este emplazamiento, y después continúo con la descripción de la ruta...

Cumbres de Peñalara vistas desde el lugar de Casarás
Parte del inmenso Pinar de Valsaín visto desde pocos metros más abajo. El collado que se ve en el horizonte, más o menos en el centro de la foto, es el Puerto de Cotos, desde donde hemos venido atravesando el pinar.
Los cercanos Siete Picos vistos desde el Pabellón de Casarás
Aproximadamente un kilómetro y medio más arriba, iremos viendo por encima de nosotros, en la ladera, restos de la infraestructura de un camino que discurre paralelo al nuestro y que convergerá con él poco más adelante. Si nos asomamos al mismo, apreciaremos los vestigios de la llamada Calzada Borbónica, mandada construir, como ya se ha dicho, por Felipe V en el S. XVIII para facilitar los viajes al Palacio de la Granja y cuyo trazado se solapa con el de otros caminos históricos entre los que cabe destacar la calzada romana que data de la época de Vespasiano (emperador entre los años 69 y 79 de nuestra era) y cuyo trazado consta en el documento conocido como Itinerario Antonino, donde se describe como Vía XXIV que unía Emerita Augusta (Mérida) y Caesaraugusta (Zaragoza), correspondiendo este paso de montaña al tramo comprendido entre Segovia y Miacum, cuya ubicación exacta se desconoce pero los indicios permiten situarla en las proximidades de la actual Madrid.

Vado de uno de los ramales del Arroyo Minguete por la calzada borbónica
En el kilómetro 32'3, tras cerca de 4 horas de pedaleo, coronamos el último de los grandes puertos de la jornada, el de La Fuenfría (1792 m.). Desde el mismo, tenemos varias posibilidades para realizar el descenso. A fin de no ser repetitivo, no me extenderé en hablar sobre los caminos del Valle de la Fuenfría. A quien esté interesado en el tema, le aconsejo que busque en Internet, pues hay mucha información al respecto, o que visite la siguiente entrada, donde también hablo un poco sobre el asunto: clic aquí. Si no se desean complicaciones, tal y como comentaba al principio, se pueden evitar. Para ello, lo aconsejable es utilizar la Carretera de la República, que tiene un firme en excelente estado. También se puede bajar por el trazado de la calzada romana o de la calzada borbónica, aunque estos ya requerirán una buena dosis de técnica y arrojo. Para que esta maravillosa ruta tenga un poco de todos los ingredientes posibles, he elegido una opción intermedia, no demasiado complicada pero sí con un poco de picante.

Valle de la Fuenfría
Comenzamos el descenso por el trazado de la calzada romana, que es apenas un sendero que parte ante nosotros entre la Carretera de la República y la calzada borbónica. En el Km. 33, en una de sus curvas, la abandonamos y tomamos el Camino Viejo de Segovia, que hasta aquí venía solapado. El descenso será divertido, cruzando sobre arroyos y haciendo alguna que otra virguería para mantener el equilibrio, aunque también con muchos tramos fáciles donde disfrutar relajadamente.

Esta es una grabación de vídeo con un fragmento del descenso. Se trata de la parte fácil...


En el Km. 36'2 hay que abandonar el camino y tomar el sendero que baja a nuestra izquierda y que veremos justo antes de cruzar un arroyo. Trescientos metros más abajo, tras pasar una puerta, saldremos a una carretera, justo por encima de una barrera, al lado del Arroyo de Majavilán. Tras la barrera, nos incorporamos a la carretera de Las Dehesas y, siguiendo de frente, descendemos por ella.

En el Km. 37'6, junto al desvío para subir al Sanatorio de la Fuenfría, la carretera es de doble sentido. Bajamos hacia el pueblo y en el Km. 40'3, al llegar al cruce, ya dentro del pueblo, giramos a la izquierda para ir por la travesía. Al llegar al Km. 40'8 no hay que continuar carretera arriba, ya que se dirige a Camorritos, sino cruzar las vías y seguir de frente. Así llegaremos al aparcamiento público y finalizaremos el círculo. Habrán sido 41'5 kilómetros en 4 horas y media de pedaleo.

Esta es la gráfica con el perfil del recorrido:
Y este es un recorte con cartografía de la zona:
Mapa de la ruta. Visor IBERPIX. http://www.ign.es/iberpix2/visor/

NOTA SOBRE CABALLERO TEMPLARIO:

Junto a las ruinas de Casarás se puede ver un panel con información que, sin entrar en detalles, se refiere al origen de esas edificaciones. En el mismo, también se menciona escuetamente que el lugar fue escogido por el escritor Jesús de Aragón (Valsaín 1893-1973) como escenario de su más conocida novela, titulada "La sombra blanca de Casarás", publicada en 1931. En dicha novela, el autor mezcla la fantasía con retazos de tradiciones orales conservadas en la comarca, a la vez que intercala nombres de personas que existieron realmente en Valsaín con los personajes inventados para el relato. De ahí proviene la historia, que no es más que una leyenda, del caballero templario y del fabuloso tesoro escondido que aún hay quien busca sirviéndose de detectores de metales. La ficción del escritor, con la publicación prácticamente caída en el olvido, se ha ido transmitiendo verbalmente, perdiéndose las referencias a su procedencia, lo que ha dado lugar a que en muchas fuentes se refieran a las ruinas de Casarás como convento y a la patraña templaria como leyenda antiquísima o, incluso, historia cierta. Hay, de hecho, alguna publicación cartográfica donde el lugar aparece con la denominación de "Convento de Casarás".

NOTA SOBRE EL ORIGEN DE LAS EDIFICACIONES:

Algunas fuentes indican que el edificio principal de Casarás ya existía previamente, siendo pabellón de caza de monarcas anteriores a Felipe II. Según señalan, lo que se realizó a instancias de Francisco de Eraso fue una remodelación para reconvertir el edificio en residencia de descanso.