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Macizo de la Mujer Muerta

  • Modalidad: Senderismo
  • Recorrido: Circular
  • Dificultad técnica: Fácil, con algún tramo ligeramente más complicado entre La Pinareja y Peña el Oso
  • Dificultad física: Muy difícil
  • Distancia total estimada: 25 kilómetros
  • Altitud de partida: 1390 m. (Aparcamiento de Majavilán en las Dehesas de Cercedilla)
  • Altitud mínima: La del punto de partida
  • Altitud máxima: 2197 m. (La Pinareja)
  • Desnivel acumulado: +/- 1430 metros
  • Tiempo: 8 horas
El macizo de La Mujer Muerta es un ramal de la Sierra de Guadarrama, ubicado al Noroeste del eje principal de esta, dentro de territorio segoviano. Debe su nombre a la silueta de sus cumbres que, vista desde Segovia, aparenta la figura de una mujer yacente. Hay varias leyendas que atribuyen un origen mítico a esta formación montañosa, relacionado con dramas amorosos y tragedias pasionales. En este itinerario nos vamos a adentrar en tierras de Castilla y León para conocer este cordal y coronar sus cimas principales.

Partimos del aparcamiento de Majavilán, en las Dehesas de Cercedilla, desde el que subimos al Puerto de la Fuenfría. Son varias las rutas que tienen su inicio en este lugar, por lo que no me voy a extender en explicaciones sobre los numerosos caminos de la zona. En esta ocasión seguiremos el trazado de la calzada romana. Esta vía fue construida durante el imperio de Vespasiano (entre los años 69 y 79 de nuestra era) y es conocida con el nombre de Vía XXIV porque así consta en el documento llamado Itinerario Antonino, el cual recoge el trazado de las rutas del Imperio Romano y describe esta como la que une Emerita Augusta (Mérida) y Caesaraugusta (Zaragoza), correspondiendo este tramo al que, salvando los desniveles serranos, unía Miacum, cuya ubicación exacta se desconoce aunque los indicios permiten suponer que se localizaba en las proximidades de la actual Madrid, con Segovia. Observando con detenimiento, se podrán reconocer, en ciertos trechos, los vestigios de la plataforma central, las cunetas o los taludes laterales; sin embargo, no se conservan restos del pavimento y solo en modernas excavaciones arqueológicas se han sacado a la luz partes del mismo o de la infraestructura de desagüe, que han permitido confirmar y definir por dónde discurría exactamente la vía. El trazado se solapa, en algunos puntos, con la calzada borbónica, el Camino Schmid o el Camino Viejo de Segovia.

Alcanzado el Puerto de la Fuenfría (1792 m.), no tomamos ninguno de los caminos anchos que parten desde la encrucijada, sino que seguimos ascendiendo, hacia el Oeste, para coronar el Cerro Minguete (2026 m.), alcanzando así la cresta de cumbres. Desde allí ya podremos divisar La Mujer Muerta, el eje principal de la Sierra de Guadarrama en ambas direcciones, así como los valles que nacen a nuestros pies.

Valle de la Fuenfría desde el Cerro Minguete
Descendemos por la cara Norte en dirección al cercano Collado Minguete, en cuyas proximidades están las fuentes llamadas Ojos del Río Moros, lugar de nacimiento del Arroyo de los Ojos que, poco más abajo, tras recibir la afluencia de otros arroyos, conformará el río Moros. Desde el collado afrontamos la corta, aunque empinada, ascensión al Montón de Trigo (2161 m.), cuya característica figura cónica es fácilmente reconocible en el perfil serrano desde la lejanía de la llanura madrileña.

Montón de Trigo
Este pico hace de puente entre la alineación principal de la Sierra de Guadarrama y el ramal de La Mujer Muerta. En sus faldas nacen arroyos que irán a verter sus aguas al Río Moros, al Río Frío, y al Eresma. Por encima de Cerro Minguete, más bajo que él, aún se podrá divisar parte del Valle de la Fuenfría. De entre todas las vistas destacan, en primer término, los magníficos pinares de Valsaín y, en la lejanía, Segovia o el Macizo de Peñalara.

Macizo de la Mujer Muerta visto desde el Montón de Trigo
Bajamos por su cara Oeste (Noroeste, para ser exactos) hacia el Collado de Tirobarra (1984 m.), en cuya vertiente Sur nace el arroyo de igual nombre que es uno de los que forman el Río Moros. Camino del mismo nos encontraremos con abundantes restos de trincheras y parapetos construidos durante la Guerra Civil Española.

Collado de Tirobarra
Desde aquí subimos a la cumbre de La Pinareja (2197 m.), que es, por tan solo un metro, la cima más alta de La Mujer Muerta. Se podría bromear sobre si esa exigua diferencia viene concedida por el montón de piedras que forman un mojón en su cúspide y si alguien debería reclamar para la vecina Peña el Oso los honores inherentes a la máxima altitud. En la parte baja de los canchales de su falda sur se encuentran las Canteras del Río Moros, en las que se pueden observar los vestigios de la actividad minera en diferentes niveles de explotación. Habremos de continuar nuestra ruta para que, más adelante, asomándonos a la ladera, sean visibles.

Cima de La Pinareja, con la Peña el Oso en segundo plano, desafiando su hegemonía.
Tenemos ahora un trecho ligeramente complicado, aunque no presentará dificultades notables siempre que no haya nieve o hielo. Tras un primer tramo de bajada, continuamos por la cresta, intentado evitar los lugares más escarpados, para lo que habremos de seguir los mojones que nos servirán de guía a través del pedregal.

Cresta pedregosa de La Mujer Muerta
Así llegaremos a la Peña el Oso (2196 m.), la otra gran cima del macizo. Contrastan, desde este lugar, las panorámicas que se tienen de la inmensa llanura castellana a un lado y del quebrado cordal montañoso al otro. Es un buen sitio para detenerse a comer el bocadillo y entretenerse con las vistas que se nos ofrecen en todas direcciones, especialmente de Segovia al Norte y del valle del Río Moros, con su frondoso pinar y sus embalses a nuestros pies, si nos asomamos un poco a la ladera Sur.

La tormenta aproximándose a la cima de la Peña el Oso
Toca ahora bajar, siguiendo el cordal, hacia el Pico y el Puerto de Pasapán, los cuales vamos viendo en casi todo momento hacia el Suroeste. A partir de ellos, la continuación de estas elevaciones montañosas hasta Los Ángeles de San Rafael es conocida como Sierra del Quintanar.

Dejamos atrás la Peña el Oso y...
...nos encaminamos hacia el Pico y Puerto de Pasapán.
El Pico de Pasapán (2005 m.) es más fácil de subir que de rodear. Sobrepasada su cumbre, queda un breve descenso hasta el Puerto de Pasapán (1846 m.), que es lugar de paso de una de las principales vías de la trashumancia: la Cañada Real Leonesa. Aún desde este punto más alejado, si miramos a la ciudad de Segovia, podremos identificar algunos de sus monumentos más representativos.

Desde el puerto iniciamos el regreso, cambiando casi totalmente de rumbo y tomando el camino que parte hacia la izquierda, siguiendo la ladera y pasando bajo el Pico de Pasapán. A poco más de 600 m. se incorpora a una pista forestal que hemos de seguir hasta su final. El camino alterna tramos de bajada y de subida hasta que, en las proximidades de la Pedriza del Gamonal, junto al curso de un arroyo, baja con una pendiente muy acusada a desembocar en una nueva pista.

Canchales en las laderas del Pico de Pasapán y Peña el Oso
Tomamos esta nueva pista hacia nuestra izquierda y caminamos prácticamente por terreno llano hasta que, sobrepasado un desvío que sube hacia las Canteras de Río Moros, hace una curva de 180º y comienza a descender. Desembocará en un nuevo camino en las proximidades del pequeño Embalse del Espinar, también llamado del Vado de las Cabras, el cual podemos rodear, o bien cruzar al otro lado directamente a través de la presa.

Cola del Embalse del Espinar
Después de rodear el pantano, la pista continúa en ligera ascensión recorriendo la ladera de Peña Bercial, en la vertiente izquierda del Río Moros. Tras caminar algo más de dos kilómetros, junto al arroyo del Tejo -también llamado de las Tabladillas- que vierte sus aguas en el embalse del mismo nombre y que iremos viendo bajo nosotros cuando el pinar nos lo permita; abandonaremos esta vía, haciendo un fuerte giro a nuestra izquierda para tomar la senda que sube hacia el Collado de Marichiva.

Los caminos que hemos recorrido, al igual que todos los pertenecientes al valle del Río Moros, permiten deleitarse con un paisaje muy bonito y resultan agradables de transitar, ya que discurren por terreno umbrío, entre el pinar, siguiendo la cuenca del río principal y saltando de arroyo en arroyo. Merece la pena disfrutarlos en incursiones cortas, ya que, en una ruta tan larga como esta, es probable que al llegar a esta zona estemos demasiado cansados y no podamos apreciar en su totalidad lo que este lugar nos ofrece.

Vista del Valle del Río Moros
Una vez alcanzado el Collado de Marichiva (1753 m.) estaremos de vuelta en el Valle de la Fuenfría. En lugar de tomar la pista forestal de la Calle Alta, que pasa junto al collado, descenderemos por el sendero que parte frente a nosotros y que es el más directo para retornar al punto de inicio de esta ruta.  Cerca del final, después de que se nos haya unido otra senda, hemos de estar atentos para abandonarlo, en las proximidades del Arroyo de Majavilán, y bajar directamente hacia la carretera y la zona de aparcamientos, ya que la senda continúa por la ladera en dirección al Sanatorio de la Fuenfría.

Habremos invertido alrededor de 8 horas para recorrer unos 25 kilómetros. Estaremos cansados pero habrá merecido la pena.

Esta es la gráfica con el perfil del recorrido:

Y este es un recorte de cartografía de la zona:
Mapa de la ruta. Visor IBERPIX. http://www.ign.es/iberpix2/visor/