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Pedriza Posterior Oriental. Con ascensión del Cancho de la Herrada (Pared de Santillana) y del Cerro de los Hoyos (Cerro del Nevazo).

  • Modalidad: Senderismo
  • Recorrido: Parcialmente circular
  • Dificultad técnica: Muy difícil
  • Dificultad física: Difícil
  • Distancia total estimada: 16 kilómetros
  • Altitud de partida: 1025 m. (Canto Cochino - Aparcamiento bajo)
  • Altitud mínima: La del punto de partida
  • Altitud máxima: 1950 m. (Cerro de los Hoyos o del Nevazo)
  • Desnivel acumulado: +/- 1100 metros (terreno quebrado)
  • Tiempo: 7 horas
La Pedriza es un mundo propio al que habría que dedicar toda una colección de rutas para conocer a fondo su enorme variedad orográfica y paisajística. Ya existen varias publicaciones en Internet que se centran en ello. En este sitio web no es más que una parte del ámbito que nos ocupa, por lo que solo se le dedica un reducido conjunto de itinerarios para mostrar las principales vías y lugares, de modo que, a partir de ahí, cada cual puede diseñar sus propios recorridos y explorar la zona más en profundidad.

Esta ruta se adentra en la parte oriental de la Pedriza Posterior, el espacio más abrupto y bello de toda el área; aunque, esto último, es una opinión personal y, por tanto, subjetiva. La atravesaremos por la vía más usual, ascendiendo las dos cumbres más relevantes: el Cancho de la Herrada (Pared de Santillana) y el Cerro de los Hoyos (del Nevazo), realizando el descenso por el espectacular Callejón de las Abejas.

Amanece sobre los riscos de la Pedriza Posterior Oriental
Partimos del aparcamiento bajo de Canto Cochino. Hay que recordar que existe un cupo limitado de vehículos a los que se les permite el acceso, por lo que se debe madrugar o ir en día laborable. Se cruza el río y se comienza a ascender por la senda PR-M2, conocida en su parte inicial como Autopista de la Pedriza. En algo más de media hora de caminata se llega al Llano del Peluca, donde se abandona esta vía, se cruza el arroyo y se sube al cercano refugio Giner de los Ríos, en cuyas inmediaciones están la fuente de Pedro Acuña y el peñasco conocido por su forma como La Momia.

Se toma el sendero que parte hacia el Este (inicialmente Noreste) y que asciende siguiendo el cauce del Arroyo de la Dehesilla, el cual sufre un fuerte estiaje, quedando completamente seco en verano. Tras pasar junto a una fuente, se llega al pie de El Tolmo. A la sombra de este berrueco se dice que estableció un campamento la banda de Paco el Sastre, uno de los más famosos bandoleros de mediados del siglo XIX, y este es el lugar donde fueron encontrados ilesos los hijos del Marqués de Gaviria, que habían sido secuestrados en una operación conjunta por las bandas de Francisco Villena ("El Sastre" era su apodo) y su socio, Mariano Balseiro; quienes se conocían por haber coincidido anteriormente en la pandilla comandada por el famoso Luis Candelas, ya fallecido cuando ocurrieron estos hechos. Los malhechores, apercibidos de que las autoridades estaban ya encaminadas a su escondrijo y que no tenían posibilidades de cobrar el rescate demandado, decidieron huir a zonas más recónditas, dejando a los chavales al cuidado de unos pastores.

El Tolmo. Al fondo, sobre él, destaca el risco de El Pájaro.
Continuamos subiendo hasta alcanzar el Collado de la Dehesilla, a 1454 metros de altitud. Este puerto, también llamado Collado de la Silla, y los arroyos que nacen hacia sus dos vertientes: el de la Dehesilla, por el que hemos venido, hacia el Oeste, y el de Coberteros hacia el Este; marcan la divisoria entre la Pedriza Anterior y la Posterior.

Aquí es, pues, donde comienza nuestra incursión en la Pedriza Posterior Oriental. Hay que buscar las marcas amarillas y blancas de la senda PR-M1, o Integral de La Pedriza, y seguirla hacia el norte, ascendiendo hacia el cercano risco de Mataelvicial, que hemos de salvar rodeándolo.

Mataelvicial
Nada más comenzar nos daremos cuenta de que el sendero resulta complicado. Se trata de un terreno muy quebrado y pronto nos encontramos con un primer paso bajo rocas, aunque en este no será necesario desprenderse de la mochila. A lo largo de la ruta, pasaremos por varios de estos.

Por encima de Mataelvicial, la senda gira hacia el Oeste y pierde altitud para buscar un lugar de paso por el que poder sortear un conjunto de riscos. El corredor está situado entre La Naranja Mecánica, que dejaremos a nuestra izquierda y Las Llamas - El Torro, que quedarán a nuestra derecha, una vez que el sendero vuelve a subir y hace un fuerte giro para dirigirse hacia el Nordeste.

Punta Carmen, Cuatro Cestos y La Naranja Mecánica
El Torro
Realizado ese giro, vemos asomar la Bola de Navajuelos frente a nosotros. Inmediatamente después, hay que reptar para superar un nuevo pasadizo bajo rocas. Tras pasar junto a la Bola, entramos en la Pradera de Navajuelos, a través de la cual seguimos avanzando hacia el Noreste. Nos encontramos en un paraje extraordinariamente bello y lleno de contrastes. A la calidez del bosque y la pradera, que proporcionan sensación de calma y recogimiento, se opone la frialdad de los imponentes riscos desnudos que se alzan verticales y desafiantes en todas direcciones.

Bola de Navajuelos
Cerca del final de la pradera, la senda gira hacia el norte para acometer unas duras rampas que sortean por el Este el Cancho de la Herrada. La cara sur de esta montaña la constituye la impresionante Pared de Santillana, que con sus 120 metros de caída vertical se ha convertido en uno de los santuarios de la escalada en España.

Pared de Santillana, en el Cancho de la Herrada
Una vez arriba, abandonaremos provisionalmente la senda PR-M1 para afrontar la ascensión del Cancho de la Herrada (1824 m.). La cara norte, mucho más mansa y corta que la sur, nos permitirá coronar la cima a través de una grieta fácilmente identificable. Hay que dejar las mochilas abajo y ser muy precavidos en la trepada. Si no se ve claro, es mejor ser prudente y renunciar. No debe intentarse si la roca está húmeda o hay hielo, y tampoco con rachas de viento.

Las vistas desde lo alto son espectaculares, se mire a donde se mire. A nuestros pies, la Pradera de Navajuelos, rodeada de peñascos, entre los que destaca el Cancho Rasgao, también conocido con el romántico nombre de Mogote de los Suicidas, que se halla coronado por un enorme bloque similar al de la vecina Bola.

Pradera de Navajuelos desde el Cancho de la Herrada. En el centro de la imagen se observa el Mogote de los Suicidas (Cancho Rasgao)
Mogote de los Suicidas (imagen con zum desde lo alto de la Pared de Santillana)
Descendemos y retomamos la PR-M1. Continuamos hacia el Norte, dejando a nuestra izquierda el cercano Risco de la Ventana. Una ligera bajada nos lleva al Collado de la Ventana, situado a 1784 metros de altitud. A medida que nos vamos acercando, vemos como se yergue ante nosotros el formidable Cerro de los Hoyos. Aunque ya lo habíamos visto desde el Cancho de la Herrada, la proximidad nos lo muestra en todo su esplendor. Las colosales dimensiones y la anarquía de las formas de esta montaña, sugieren ideas apocalípticas. El caos primigenio al que ser refiere Hesíodo en su "Teogonía" debía de asemejarse a esto.

Collado de la Ventana y Cerro de los Hoyos
Una imagen tomada con un teléfono móvil por un fotógrafo nefasto no puede dar testimonio de esta maravilla. La fotografía anterior apenas permite hacerse una idea de la singularidad de esta montaña.

Parece que no hay modo de continuar adelante, pero existen vías que esquivan el cerro por ambos lados. Nuestra senda lo rodea por el oeste y hacia allí nos dirigimos. Atención aquí a las marcas amarillas y blancas para no confundirse con el sendero que desciende valle abajo.

Pasamos muy cerca del pequeño Collado de la U, y no nos costará ningún esfuerzo recorrer los pocos metros que nos separan del mismo para asomarnos, junto a los riscos de La Ventana, Las Nieves y El Cocodrilo, a ver parte del Callejón de las Abejas, por donde posteriormente realizaremos el descenso.

Retomamos nuestro camino y ascendemos por un terreno abrupto hacia el Norte, dejando a nuestra derecha la aguja de El Puro.

El Puro
Hay que quitarse la mochila para superar un nuevo pasadizo bajo roca. Tras un breve tramo de subida, las rampas se suavizan e incluso hay pequeños descansos. Cuando la senda PR-M1 gira hacia el Oeste, al pie de una sólida roca, hemos de abandonarla y continuar ascendiendo hacia el Collado de los Hoyos, situado a 1900 metros de altitud, el cual reconoceremos fácilmente porque separa La Esfinge, cuya silueta es inconfundible, del Cerro de los Hoyos.

La Esfinge
Para coronar el Cerro de los Hoyos (1950 m.), el corto trayecto que falta es un poco lioso. Lo describo de manera esquemática:

- Desde el collado, subir hacia el Cerro de los Hoyos hasta toparse con su pared norte.
- Seguir junto a la pared, yendo hacia el Oeste (a nuestra derecha mirando a la pared), hasta llegar a un recodo donde se puede superar la misma.
- Girar en ese recodo y trepar unos metros hasta alcanzar un primer callejón que hay que seguir hacia el Este. Inmediatamente se ve un segundo callejón, bastante más ancho, al que hay que saltar para seguirlo en la misma dirección.
- Tras pasar un embudo al final del mismo, se avanza otro puñado de metros y, en la pared de nuestra izquierda, se ven unos estrechos canales tallados por la acción erosiva del agua. Hay que aprovechar los mismos para escalar y, de ese modo, salvar un corto desnivel. Una vez más, si no se ve claro, es mejor ser prudente y renunciar. El paso tiene cierta complicación y conviene recordar que, a veces, es más difícil bajar que subir.
- Una vez superado este obstáculo, se continúa hacia el Este y ya solo hay que buscar la vía más cómoda para alcanzar la cima, que se encuentra muy próxima, a nuestra izquierda.
Si no hay hitos, cosa bastante probable, es aconsejable ir dejando marcas a nuestro paso para no despistarnos en el regreso.

Vista hacia el Sur desde el Cerro de los Hoyos
Muchos lugares de La Pedriza tienen doble denominación. Una es la tradicional y otra la que, en tiempos más modernos, les han ido asignando los montañeros, inspirados por la silueta de los riscos o por las experiencias personales vividas en estos lugares.

En este caso, el nombre tradicional -Cerro de los Hoyos- se debe a que la roca, por efecto de la erosión, presenta numerosas oquedades. Especialmente curioso es un ojo de buey que, muy próximo a la cima, se asoma sobre el collado que separa esta montaña de La Esfinge. El nombre moderno -Cerro del Nevazo- lo atribuyen algunas fuentes a que unos excursionistas fueron sorprendidos en este lugar por una copiosa nevada.

Desde la cima del Cerro de los Hoyos: en primer término, La Esfinge, irreconocible por su cara sur. Detrás, Las Torres, con el Collado del Miradero a la izquierda y el Risco del Ventanillo a la derecha. Al fondo, la Cuerda Larga, con Cabezas de Hierro a la izquierda. En la parte superior derecha, el Alto de Matasanos y Peña Lindera.
Otros nombres doblados, vistos en esta ruta, tienen diferentes explicaciones. Collado de la Dehesilla / de la Silla: parece una simple deformación. Cancho Rasgao / Mogote de los Suicidas: el nombre tradicional alude a su silueta y el moderno a lo que debió inspirarle a alguien. Cancho de la Herrada / Pared de Santillana: en realidad, la Pared de Santillana es la cara Sur del Cancho de la Herrada.

Vertiginoso "ojo de buey" que se asoma en vertical al Collado de los Hoyos. 
Regresamos al collado y bajamos al punto donde abandonamos la PR-M1. La retomamos, hacemos el giro hacia el Oeste al pie de la roca y la seguimos durante un puñado de metros, hasta localizar unos hitos que, a nuestra izquierda, nos indican el sendero a tomar para descender por el Callejón de las Abejas.

Este espectacular corredor nos dará motivos sobrados para deleitarnos plenamente con la belleza del entorno, pero sus extremas pendientes machacarán sin piedad nuestras articulaciones. En cualquier caso, merece la pena sufrir los achaques del "día después".

Antes de ir a la descripción de la parte final de la ruta, aquí van unas imágenes del Callejón de las Abejas o tomadas desde el mismo:

Aguja del Sultán
Llegando a la parte baja del callejón, donde empieza el pinar.
El Cocodrilo
Después de entrar en el bosque, las pendientes se suavizan ligeramente. Tras cruzar el Arroyo de la Ventana, este sendero se une a la Senda de la Majadilla al Collado de la Ventana. Poco más abajo hay una bifurcación. Si se prosigue por la derecha, se cruza nuevamente el arroyo y se va hacia Cuatro Caminos; pero no hay que hacer eso. Continuamos bajando por la misma senda hasta llegar al punto donde, junto a un berrueco, el Arroyo de la Ventana se une al Arroyo de los Poyos, que viene del norte del circo y que, en el lugar donde nos encontramos, se precipita en una cascada.

La senda continúa, a partir de aquí, aguas abajo, en paralelo a la PR-M2, que va por el otro lado del cauce aunque, en el primer tramo, a una mayor altitud.

Llegaremos a un lugar donde nuestro sendero finaliza junto al arroyo, cuando estamos bastante próximos a los riscos más occidentales de Los Pinganillos. Hay otros senderos que se adentran en la ladera, pero hemos de ignorarlos. Cruzamos las aguas y nos incorporamos a la PR-M2 para continuar el descenso.

Riscos occidentales de Los Pinganillos
Ya solo queda descender hasta el cercano Llano del Peluca y, a partir del mismo, bajar por la Autopista de La Pedriza, que ya hicimos a la ida, hasta Canto Cochino, donde cerramos esta magnífica ruta.

El tiempo total estimado es de 7 horas pero, al programar este tipo de excursiones, conviene pecar por exceso para no andar con apreturas al final de la jornada.

Esta es la gráfica con el perfil del recorrido:


Y este es un recorte con cartografía de la zona:

Mapa de la ruta. Visor SIGPAC. http://sigpac.mapa.es/fega/visor/