rutas senderismo bicicleta de montaña noroeste madrid mountain bike mtb bici todoterreno btt mountain biking ciclismo montañismo

Sierra de los Porrones (acceso por vía ferrata)

  • Modalidad: Senderismo
  • Recorrido: Circular
  • Dificultad técnica: Difícil
  • Dificultad física: Media
  • Distancia total estimada: 14 kilómetros
  • Altitud de partida: 955 m. (Ermita de San Isidro, a las afueras de El Boalo)
  • Altitud mínima: 950 m. (camino en las proximidades de la ermita)
  • Altitud máxima: 1679 m. (Cancho de las Porras)
  • Desnivel acumulado: +/- 900 metros
  • Tiempo: 5 horas
Como todo el mundo sabe, gracias a una canción del grupo The Refrescos que se hizo popular a mediados de la década de 1980, "aquí (en Madrid) no hay playa". Tan cierto es que el parque de Madrid Río nada tiene que ver con los arenales costeros mediterráneos, como que la Ruta de las Cabras de El Boalo dista mucho de parecerse a las vías ferratas de los italianos Dolomitas. Sin embargo, a falta de otra cosa de mayor envergadura, podemos tomarnos la licencia de otorgar tal dignidad a este humilde itinerario boaleño.

Tramo de vía ferrata en la Senda de las Cabras
Pero, comencemos por el principio...

En esta ruta vamos a recorrer la Sierra de los Porrones casi en su totalidad. También conocida como Cuerda del Hilo, separa las cuencas de los ríos Manzanares, al Norte, y Samburiel (Navacerrada), al Sur. Además de coronar algunas de sus cumbres, visitaremos la Cruz del Mierlo, para completar una historia que iniciamos en otro itinerario.

El punto de partida es la Ermita de San Isidro, situada en las afueras de la localidad de El Boalo, a un lado de la vía pecuaria que une Mataelpino con Manzanares el Real, cuyo trazado forma parte de la senda GR-10 y del Camino de Madrid a Santiago de Compostela. Para llegar a ella, hay que salir, en el Norte del pueblo, por la Calle de la Cañada, que acaba convirtiéndose en un camino de tierra, el cual vierte en la mencionada vía pecuaria junto al Arroyo del Herrero en las proximidades del merendero situado al lado de la ermita. Inicialmente, hay que callejear desde una rotonda en cuyo centro se yergue una cruz. En caso de duda, lo mejor es preguntar a algún vecino.

Ermita de San Isidro
Desde la ermita, ubicada al mismo pie del cordal, si levantamos la vista hacia el Norte, veremos un conjunto granítico. El mismo está dominado por la Torreta de los Porrones, pero la visión de esta nos la tapa el saliente de la Peña del Mediodía, que la antecede.

Tomamos como referencia invariable la Peña del Mediodía y comenzamos a ascender directamente las rampas que se dirigen hacia ella. Nada más empezar, pasamos una cutre portilla y después vemos un pequeño chozo. Ignoramos cualquier bifurcación del sendero y seguimos hacia nuestra referencia.

La subida es dura y, además, discurre por plena solana, por lo que habrá que tomárselo con calma, ya que no hemos hecho más que arrancar.

En el trayecto veremos algunos hitos aislados, los cuales no serán muy útiles, dado que, en alguna bifurcación, señalizan ambas variantes. Sin embargo, próximos ya a la Peña del Mediodía, cuando parece que el sendero va a salvarla por el Oeste, hemos de fijarnos en unos hitos que nos indican un paso bajo la misma hacia el Este, a nuestra derecha, y que tenemos que seguir.

Peña del Mediodía. Al llegar a esta altura, hay que pasar bajo ella e ir hacia el Este.
Esta breve travesía bajo el risco termina con una insignificante bajada, en la que se pasa junto a una pared "extraplomada", superada la cual avistaremos, sobre una piedra, un feroz y metálico lobo que persigue a una cabra huidiza e igualmente metálica. Este pintoresco conjunto escultórico marca el inicio de la Ruta de las Cabras.

El lobo persiguiendo a la cabra
La vía ferrata, tan sorprendente como innecesaria, se debe a una iniciativa particular llevada a cabo en 2005 y firmada por su autor en una roca que hallaremos durante la ascensión. Está formada por una sucesión de grapas clavadas en la pared, que ayudan a salvar un complicado tramo que apenas alcanza una veintena de metros de longitud.

Entorno de la vía ferrata
La disposición del engrapado permite que cualquier persona, medianamente ágil, supere el paso sin mayores problemas y sin necesidad de asegurarse con material de escalada. Eso sí, resulta inapropiado para quien sufra de vértigo o si las condiciones meteorológicas son adversas.

Una advertencia: en la fecha de publicación de esta ruta (verano de 2014), el estado del material era bueno y las grapas se encontraban, en general, bien fijadas a la roca. Sin embargo, alguna ya presentaba una holgura milimétrica debido a la exposición y al paso del tiempo, y, en el inicio del tramo, había una pieza suelta. Es importante recordar siempre que, antes de cargar el peso del cuerpo sobre una de ellas, se debe comprobar su firmeza y asegurarse de que está bien anclada.

Un detalle del engrapado
El área cuenta con una importante población de buitres que anidan en estas peñas y las sobrevuelan constantemente en busca de alimento. Es un espectáculo verlos planear en las cercanías, a veces muy próximos a nuestra posición.

En este sorprendente trecho, serán las cabras y no los hitos, quienes nos indiquen la dirección a seguir. La imagen que se muestra a continuación explica esta afirmación.

Una de las cabras que señalizan el camino
Sobrepasada la trepada artificial, la senda continúa en suave ascensión hacia el Noreste, hasta alcanzar la divisoria de cumbres, desde donde nos asomaremos al valle del Manzanares y contemplaremos los riscos de La Pedriza.

Veremos entonces que el sendero comienza a bajar por la otra vertiente. Si prestamos atención, encontraremos otro sendero poco marcado que se bifurca del principal y se dirige, a nuestra izquierda, hacia los peñascos. Lo seguimos durante unos metros, hasta ver un pasadizo bajo una roca. Lo atravesamos, trepamos un escalón y llegamos a un segundo paso bajo roca, mucho más angosto, en el que podemos optar por reptar o encaramarnos a la piedra para superarlo por arriba. Salimos a un espacio donde hay varias cimas de similar altitud. Una nueva trepada nos permite coronar la principal, que es la Torreta de los Porrones (1373 m.).

Riscos de La Pedriza, vistos desde la Torreta de los Porrones.
Regresamos al punto donde alcanzamos la divisoria y retomamos el sendero que comenzaba a descender hacia la otra vertiente. Al llegar junto a una alambrada, dejamos de bajar y la seguimos, hacia nuestra izquierda, para alcanzar, en cómoda subida, el cercano Collado de Valdehalcones (1341 m.). En sus proximidades, un poquito más adelante, hallaremos la Cruz del Mierlo (o del Mirlo, según versiones).

Hasta épocas relativamente recientes, los únicos habitantes de La Pedriza y sus alrededores eran cabreros o bandidos. La tradición oral y algunos documentos escritos nos han transmitido múltiples relatos, unos con base histórica y otros mera leyenda, que hablan sobre sus andanzas. En este lugar retomamos aquel del que hablábamos en la ruta dedicada a la Pedriza Baja, sobre la muchacha que había quedado libre tras ser secuestrada por una banda de rufianes a mediados del siglo XIX. Para recordarlo, hacer clic aquí.

Pues bien: el pastor que halló a la joven desorientada, deambulando por La Pedriza, era El Mierlo. Este condujo a la moza a Madrid, donde la devolvió a su acaudalada familia. Los padres de la chica, plenos de agradecimiento, ofrecieron al cabrero quedarse a vivir en su lujosa mansión y gozar allí de todo tipo de comodidades; pero el pastor rechazo tan generosa oferta, prefiriendo retornar a sus montañas, en compañía de sus cabras, donde consideraba que su vida sería más plena y feliz.

Pocos años más tarde, el Mierlo fue asesinado en el Collado de Valdehalcones. Unas versiones dicen que a manos de los propios secuestradores, como venganza por haber rescatado a la joven, y otras aseguran que lo que los asesinos buscaban era la supuesta recompensa que habría obtenido por su acción.

Dando testimonio de estos luctuosos hechos, permanece en el lugar la humilde cruz que otro pastor, amigo del fallecido, compuso en el suelo con varias piedras, justo en el punto donde el Mierlo cayó muerto.

Cruz de El Mierlo (o del Mirlo)
A partir de aquí, nuestra ruta continúa siempre hacia el Noroeste para recorrer la Sierra de los Porrones. Los hitos y unas ya casi borradas señales de pintura, nos indicarán el camino más cómodo. El primer objetivo es un cancho llamado Peña Blanca, de 1599 metros de altitud, que nos tapa la vista del resto del cordal. Para llegar allí, el sendero se desvía hacia el Norte, evitando terreno más quebrado, y luego regresa a la dirección inicial. Pasaremos junto a un fraile y, poco después, al lado de un pequeño chozo que puede servir de refugio en caso de tormenta.

Un fraile de granito, de camino a Peña Blanca.
Se rodea el canchal por su cara Sur. Para coronarlo, una vez sobrepasado, habrá que hacer una trepada de cierta dificultad por su cara Oeste. Si se quiere, se puede evitar esta pequeña escalada, ya que las vistas que se obtienen desde lo alto no son notablemente mejores de las que se pueden admirar desde el camino o desde las elevaciones que visitaremos con posterioridad.

Pedriza Anterior y Embalse de Santillana desde la cima de Peña Blanca. al fondo se aprecia el cerro de San Pedro.
Seguimos la cuerda, pasando por los collados de La Lobera y Los Vaqueros, y por la base de un pequeño risco innominado que hay entre ambos.

Una subida más nos llevará hasta la siguiente cumbre, el Cancho de las Porras (1679 m.), punto culminante de esta ruta. Nuevamente se rodea por el Sur y hay que desviarse del camino para coronar su cima. Requerirá otra trepada que, por idénticos motivos, puede evitarse.

Vista desde la cima del Cancho de las Porras: resto de la Sierra de los Porrones, que se dirige hacia la Cuerda Larga, para entroncar con esta en la cumbre de La Maliciosa.
Continuamos por la divisoria en un trecho sin desniveles significativos. En la ladera de nuestra derecha vemos parte de la pista de Las Zetas, de obligado recorrido en bicicleta, y cuyo trazado se puede conocer en esta ruta: clic aquí. En esa misma ladera, muy cerca de nuestro camino, hay un pluviómetro junto al que pasaremos.

Después alcanzamos una mínima elevación del terreno donde se encuentra una placa conmemorativa a un lado y un chozo con forma de iglú al otro.

Chozo, cerca de Cancho Porrón.
A continuación está el Cancho Porrón (1670 m.), última cumbre de la jornada. Más que un cancho es una pequeña elevación rocosa del terreno. No nos resultará difícil encaramarnos a su cima.

Bajamos al inmediato Collado Porrón y allí nos cruzamos con la senda PR-M16, señalizada con marcas de pintura amarilla y blanca, que, procendente del Collado de Quebrantaherraduras, converge aquí con la nuestra para dirigirse a La Maliciosa.

La Sierra de los Porrones continúa con la Maliciosa Baja, tras la cual está el Collado de las Vacas y su final en La Maliciosa. En este recorrido, no vamos a subir a la Maliciosa Baja y nos conformaremos con verla desde aquí.

* Ver anexo, al final de esta entrada, sobre ruta a la Maliciosa Baja.

Hacemos un radical cambio de dirección y tomamos el PR-M16 en sentido descendente para iniciar el regreso. En el tramo inicial, iremos perdiendo altitud de manera inapreciable. Poco a poco, nos adentraremos en el pinar de ladera, donde también destaca la población de jara y de gayuba.

Cómodo descenso por el PR-M16
A la altura de la falda de Peña Blanca, el sendero hace un giro y desciende, inicialmente zigzagueando, con una pendiente mucho más pronunciada. Con posterioridad, discurre en línea recta y con similar pendiente junto a un muro de piedra hasta llegar a la Fuente del Terrizo, en la Loma de las Casiruelas, donde se cruza con una ancha pista forestal. Podemos descender por esta, pero nos resultará más ameno y directo seguir por el sendero hasta que, a un nivel inferior, vuelve a converger con la pista.

Merendero en la Fuente del Terrizo
Tras cruzar el cauce de un arroyo, llegaremos a una encrucijada. Se trata de un cortafuegos que atraviesa perpendicularmente el sendero. Lo tomamos hacia nuestra derecha y nos lleva a la pista forestal. Cogemos esta hasta la primera curva, donde nos salimos en línea recta para continuar por una casi imperceptible senda que desciende en paralelo a una cercana alambrada. Este sendero está discontinuamente señalizado por algún hito aislado. Es posible que, si no se ha desbrozado recientemente, lo encontremos invadido por jaras y zarzas, en cuyo caso, se debe considerar la opción de bajar por la pista forestal hasta poder retomarlo, desviándose a la derecha por el camino que da servicio a la entrada de una finca, unas curvas más abajo.

Pasaremos junto a los restos de un corral de piedras en la zona conocida como El Aculadero, donde hay un abrevadero y se encuentra el Canto de los Cedazos, el cual no tiene gran interés, aunque es famoso por haber sido mencionado en las primeras publicaciones descriptivas de La Pedriza. Llegamos, a continuación, a una finca cuyo muro hay que ir rodeando hasta pasar junto a su entrada (aquí vemos el camino alternativo mencionado en el párrafo anterior). Esta parcela está plagada de amenazadores carteles que avisan sobre su carácter privado y advierten de peligros provocados por perros sueltos o reses bravas. Hay tal abundancia de carteles que, por momentos, uno cree estar a las puertas de la mítica Área 51 en el norteamericano estado de Nevada.

Y, sin embargo, el animal más peligroso que encontramos es esta inofensiva lagartija.
En la parte inferior de la finca, una moderna portilla da acceso a un camino que desciende hacia la zona donde iniciamos la ruta. Por él llegaremos a una bifurcación de senderos. En el de la derecha, junto a un pilón, pasamos otra portilla, esta de tipo cutre, tras la cual ya vemos, hacia el Oeste, el área recreativa de la ermita de San Isidro. Tan solo queda bajar al camino GR-10 y retornar al punto de partida.

Esta es la gráfica con el perfil del recorrido:


Y este es un recorte con cartografía de la zona:

Mapa de la ruta. Visor SIGPAC. http://sigpac.mapa.es/fega/visor/

ANEXO: RUTA DE LAS MALICIOSAS (Maliciosa Baja, La Maliciosa y El Peñotillo)

En la ruta anterior se ha descartado la ascensión a la Maliciosa Baja para no alargar el recorrido en exceso. A quien busque indicaciones para visitar esa cima, le recomiendo el siguiente itinerario, que se describe sin entrar en detalles.

El punto de partida se sitúa en Mataelpino. Cerca del Km. 5'5 de la carretera M-617 (la que va hacia Becerril de la Sierra), tomar el camino que se dirige hacia el Norte, por la margen derecha del arroyo de la Gargantilla.

De izda. a dcha.: El Peñotillo, La Maliciosa, el collado de las Vacas y la Maliciosa Baja
Tras una larga aproximación a la falda de la montaña, el sendero se endurece y cambia ligeramente de rumbo, dirigiéndose hacia el Noroeste. A media ladera ha de abandonarse y tomar uno poco marcado que sube al collado de las Vacas (1.888 m.). Desde allí hay magníficas vistas, entre las que destaca, hacia el Sur, el precioso valle que forma el arroyo de la Gargantilla, por el que hemos realizado la ascensión. En dirección Norte tenemos, muy cerca, las principales cumbres de la Cuerda Larga, y mirando al Este, buena parte de La Pedriza.

Caminando menos de un kilómetro por la cuerda hacia oriente, alcanzamos la cima de la Maliciosa Baja (1.939 m.). Se trata de una extensa loma que hay que recorrer de extremo a extremo para disfrutar de todas las panorámicas que ofrece.

La Pedriza, invadida por neblinas, vista desde la Maliciosa Baja.
Se regresa al collado de las Vacas para, en el lado opuesto, comenzar una dura ascensión que culmina en la cumbre de La Maliciosa (2.227 m.). Hay que tomarse su tiempo aquí para disfrutar con deleite el espectáculo que ofrece esta emblemática cima.

Desde ella se observa, poco más abajo, hacia el Suroeste, el espolón de El Peñotillo (2.124 m.).

El Peñotillo, visto desde la cumbre de La Maliciosa.
Nos dirigimos a él con precaución, pues el terreno es escarpado. Merece la pena el pequeño esfuerzo que nos costará coronarlo, ya que nos premiará con alguna que otra perspectiva diferente de las cumbres serranas.

Para realizar el regreso, tan solo queda bajar, rumbo Este, por encima del nacimiento del arroyo de Peña Jardinera, que vemos que alimenta el embalse de La Maliciosa; al collado que se abre entre La Maliciosa y los riscos de Los Asientos. Desde el mismo ya es obvio el fuerte descenso que nos ha de llevar al fondo del valle formado por el arroyo de la Gargantilla, por donde se cierra la ruta.