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Baños de Venus

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Los baños de Venus son recurrentes en el arte pictórico. Y los Baños de Venus es también una preciosa poza de La Pedriza, sita en el cauce alto del Arroyo de los Hoyos de la Sierra, que se alimenta del chorreo de una cascada y rebosa chorreando por otra.

Poza de los Baños de Venus
Si John William Godward se hubiese inspirado en este sitio, probablemente, el baño de su neoclásica diosa habría sido al aire libre, en lugar de "indoor". y con bañera de granito, en vez de mármol. Lo mismo se puede decir de Simon Vouet, cuya pobre diva barroca ni siquiera cuenta con pila y ha de conformarse con un espejo, como las de Rubens y Velázquez. Quizás la deidad postimpresionista de Odilon Redon se aproxime más a la charca pedricera, pues su prudencia al introducir el pie en las aguas indica que estas deben estar muy frías, tal y como ocurre en la poza real. Y quién sabe si la de Alexandre Cabanel nació en este remanso o si la Anadiómena de Tiziano acaba de salir de él...

Un rebaño de cabras monteses vigila desde el borde de la poza, mientras ascendemos junto a la cascada inferior.
En cualquier caso, todo parece indicar que quien bautizó a este maravilloso lugar con tan poético nombre, debió de hacerlo porque le pareció que su belleza era propia de la divinidad romana y de sus, tan representados, escenarios acuáticos. Porque, por mucho que se mire en derredor, no se encuentra entre la vegetación ningún ejemplar de dipsacus fullonum, más conocido como "cardo", y también como "cardencha", "vara de pastor" y otras denominaciones entre las que se cuenta la de "baño de Venus", por lo que su presencia podría haber explicado tal nombre para la charca, pero no es así.

Para encontrar este rincón, tan solo hay que seguir el cauce del Arroyo de los Hoyos de la Sierra. Ahora bien, como en varios puntos el terreno es demasiado abrupto y difícil de patear, hay que ir por el sendero superior y tomar como referencia la Torre de Francisco Caro (y el pluviómetro que hay junto a ella), pues los Baños de Venus se localizan poco más arriba remontando el valle.

Torre de Francisco Caro
Si se hace una ruta por este paraje, otro atractivo se encuentra aguas abajo. Se trata de la Majada de los Gavilanes, donde en otro tiempo pastaban las cabras domésticas y ahora lo hacen las monteses.

Cuentan que el pastor, que aquí cuidaba de su rebaño por los años de la Guerra Civil Española, era uno de los que se dedicaban a ayudar, a personas de uno y otro bando, a pasar clandestinamente a través de estas montañas para reunirse con con los suyos. Era habitual que estos cabreros recibieran algún tipo de compensación material por su colaboración, algo que le costó la vida a este de los Gavilanes, dado que fue asesinado por alguien que pretendía robar sus ahorros. Cuentan también que el pretendido botín podría estar enterrado por ahí, ya que los pastores-guía solían preservar sus recompensas de tal guisa. Así pues, si alguien se anima a subir a esta majada con un detector de metales, acaso tenga suerte; aunque lo más probable es que solo encuentre latas de atún y de refresco oxidadas, que hasta aquí arriba sube algún que otro guarro.

Chozo de la Majada de los Gavilanes
Para llegar a estos sitios hay varias posibilidades. Recomiendo subir por la Senda de la Mina hasta ganar el Collado del Miradero; comer allí, disfrutando de las magníficas vistas, y bajar por la Senda de los Gavilanes, explorando todas estas maravillas, hasta salir en Las Zetas, para regresar por ellas.

Un refrescante chapuzón en la Charca Verde para combatir la fatiga del camino
Un último apunte que sirva de acicate para emprender la ruta: de todas las decenas de pozas que hay en La Pedriza, y principalmente en el río Manzanares o en los arroyos de la Majadilla y de los Hoyos, los Baños de Venus es, sin duda, la más bonita. Y, además, aquí no llega la invasión de los domingueros.


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