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El Chozo Kindelán

NOTA: Este artículo pertenece a la sección <<¡Tu turno!>>. Para ver rutas explicadas con detalle debes dirigirte al Índice de rutas (página principal).

A finales del Siglo XIX y principios del XX, aventurarse por las entrañas de La Pedriza era cosa reservada a pastores y bandidos. Tan solo un puñado de hombres lo hacía por el mero placer de disfrutar de la montaña. Se trataba de un selecto grupo de pioneros que daban los primeros pasos del senderismo y la escalada en estos lugares, explorando lo que entonces eran tierras inhóspitas y coronando riscos en cuya cúspide nadie había puesto el pie anteriormente.

Entre esos precursores del "pedricerismo" estaban los hermanos Kindelán (José Manuel, Juan y Ultano), y un primo suyo, Pablo Martínez del Río, quienes, en una de sus andanzas por la zona, hallaron un cúmulo de grandes rocas, entre las cuales quedaban amplias cavidades apropiadas para guarecerse en caso de necesidad. De modo que, no se sabe exactamente cuando, pero alrededor del año 1910, decidieron ejercer de mamposteros y cerraron con un muro de piedras el frente del hueco inferior, dejando en el mismo una puerta de entrada y un pequeño ventanuco.

El Chozo Kindelán
Este fue el primer refugio serrano construido para fines deportivos. Es, por tanto, historia del montañismo en la Sierra de Guadarrama. Fue utilizado durante varios años por aquellos primeros montañeros en sus expediciones, hasta que cayó en desuso cuando, en 1916, se inauguró, en las cercanías, el refugio Giner de los Rios.

La obra de los Kindelán contaba ya con sesenta años de edad cuando los gestores medioambientales del área decidieron que había que demoler varias chozas o cabañas levantadas en la zona, incluida esta, con lo que el muro de piedra fue derruido. Fueron tantas las personas que, a título individual, o como miembros de grupos de montaña, protestaron airadamente por lo que consideraban un atentado contra la historia misma del "guadarramismo", que las autoridades se vieron forzadas a reconstruir la pared, tal cual estaba, y, a buen seguro, utilizando las mismas piedras que habían quedado desperdigadas por las proximidades. De este hecho nació incluso una leyenda, según la cual, el ingeniero responsable de la demolición fue presa de un terrible episodio de insomnio que le impidió conciliar un sueño tranquilo hasta que el daño fue reparado.

Un visitante espera su turno para entrar en el refugio
El refugio es suficientemente amplio como para que duerma media docena de personas. Cuenta con un hogar para la lumbre y con salida de chimenea a otra gran oquedad entre las rocas, situada a un nivel superior, en la que también se puede uno guarecer de la tormenta. Su estructura se conserva bien, aunque muchos cretinos ya han dejado su impronta en las paredes en forma de absurdos garabatos. Tampoco faltará basura que llevarse de allí a quien tenga la buena voluntad de hacerlo.

Cavidad superior, a donde tiene salida la chimenea.
El Chozo Kindelán no es fácil de encontrar. Aunque se halla cerca de un camino muy transitado, se mimetiza en el entorno y no es visible hasta que uno se encuentra frente a su puerta. Además, existe un acuerdo tácito por el que nadie divulga referencias para alcanzar su localización, a fin de preservarlo de vándalos y domingueros, pues se ubica bastante cerca de los aparcamientos de Canto Cochino.

Buscar este histórico lugar se convierte en una bonita aventura y el éxito se premia con el placer de sentarse junto a su puerta a contemplar la vista, al lado opuesto del valle, de la majestuosa Peña Sirio -nombre estelar con que los Kindelán rebautizaron al Cancho del Postigo-, e imaginar las aventuras de estos pioneros en un tiempo en el que escalar montañas era cosa de frikis.

Como complemento a este artículo, inserto, a continuación, una serie de fotos correspondientes a otras cabañas o refugios que se pueden encontrar en La Pedriza.

Choza 1
Un anacoreta dedicó mucho trabajo para construir esta cabaña y acondicionar sus alrededores. Vivió allí hasta que los agentes forestales le indicaron que ello contravenía la normativa del espacio natural protegido. La construcción se conserva en buen estado aunque, lamentablemente, la publicación de su ubicación en un blog, disfrazada de pista explícita, la dio a conocer a gamberros que acuden al lugar a hacer el cafre y la dejan llena de basura.

Choza 1
Esa es la entrada principal de la misma choza.

Choza 1
Y esa es una imagen de su interior.

Choza 2
Esta es menos conocida y más difícil de localizar. Se conserva en buen estado. Su construcción es mucho más reciente que la de la cabaña anterior.

Choza 2
Esa imagen muestra una vista parcial del interior.

Choza 3
Esta era muy acogedora, pero ya se la han cargado. Se encuentra cerca de un sendero bastante transitado.

Además de las cabañas, hay decenas de vivacs repartidos por toda la zona. Unos bien acondicionados, como el de El Laberinto, y otros que apenas consisten en pequeños muros de piedra levantados en torno a una roca. Aunque, en ciertas ocasiones, resultan útiles para usarlos como refugio, representan también un problema medioambiental, dado que es frecuente encontrar desperdicios, arrojados en sus alrededores por gentuza maleducada que acude a la montaña por motivos que nada tienen que ver con el disfrute de la naturaleza.



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