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Collado Albo y Pimpolla Negra

NOTA: Este artículo pertenece a la sección <<¡Tu turno!>>. Para ver rutas explicadas con detalle debes dirigirte al Índice de rutas (página principal).

Desde su inauguración en 1923, presidida por el rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, el Ferrocarril Eléctrico del Guadarrama, conocido actualmente como Línea C-9 de Cercanías Madrid o El Tren de la Naturaleza, ha sido el medio de transporte primordial que ha facilitado a muchos madrileños la posibilidad de aproximarse a las cumbres de la Sierra de Guadarrama. En su tramo principal -fase original-, salva algo más de 600 metros de desnivel en un recorrido de 11 kilómetros (Cercedilla Estación 1160 msnm - Puerto de Navacerrada Estación 1765 msnm), lo que supone una pendiente media del 5`5%.

Nació gracias a la determinación de un grupo de amantes de la Sierra que, en 1917, se asociaron como Sindicato de Iniciativas del Guadarrama, con el fin de promover la construcción de una línea férrea que llegase al Puerto de Navacerrada. Hubo varios proyectos que proponían diferentes posibles trazados, entre los que finalmente se eligió el que partía de Cercedilla.

Ferrocarril Eléctrico del Guadarrama, a su paso por el abandonado apeadero de Collado Albo.
Durante sus primeros años de historia este ferrocarril vivió una época de esplendor, con cifras de pasajeros que aumentaban constantemente. En los años de la Segunda República se estudiaban proyectos para ampliar la línea, en una primera fase hasta el Puerto de Cotos y, posteriormente, hasta enlazar en Gargantilla del Lozoya con el Ferrocarril del Norte. Sin embargo, las tensiones y la incertidumbre previas a la Guerra Civil, provocaron la suspensión del servicio de viajeros, el cual no fue reanudado hasta 1940, aunque en condiciones precarias debido a la escasez de recursos en los años de posguerra.

Las dificultades económicas de la empresa titular provocaron que, en 1954, la propiedad pasase a ser estatal, quedando la gestión a cargo de la RENFE. Diez años después, se inauguraba el tramo de ampliación de la línea hasta el Puerto de Cotos, tras haberse construido un túnel que salvaba el paso del Puerto de Navacerrada. El proyecto de continuar valle abajo por la cuenca del Lozoya quedó finalmente descartado, así como el de otro ramal que habría de bajar hasta Segovia pasando por La Granja de San Ildefonso.

Definitivamente, el trazado contaba con las siguientes estaciones y apeaderos: Cercedilla Estación - Cercedilla Pueblo - Las Eras y Los Castaños - Camorritos - Siete Picos - Collado Albo - Puerto de Navacerrada - Dos Castillas - Vaquerizas - Puerto de Cotos. Durante varios años, la mayoría de los apeaderos funcionaron de modo discrecional, hasta que, en el año 2011, fueron suprimidas las paradas en todos ellos -años atrás ya había sido descartado el de Collado Albo-, quedando tan solo en servicio la estación inicial (Cercedilla), la de Navacerrada y la final (Cotos).

Estación de Siete Picos, en lamentable estado de ruina.
La propuesta es realizar una ruta en la que, partiendo del abandonado apeadero de Camorritos, se sigan los caminos que suben cerca de la vía férrea hasta alcanzar, en primer término, la estación de Siete Picos, desde la que parten varias sendas que se adentran en el corazón de esa montaña. Esta primera parte del recorrido es factible en bicicleta, por lo que, si se quiere hacer pedaleando, se puede partir de Cercedilla.

Desde las ruinas de la estación de Siete Picos, seguir subiendo hacia Collado Albo. Este collado es el paso natural a media altura entre los valles de Siete Picos y Navalmedio, y desde él se tienen excelentes vistas, tanto de la llanura a pie de sierra, como del macizo montañoso.

Un consejo: no subir por la senda que sigue la corta de la línea eléctrica que, aunque es más directa, es mucho menos bonita. Hay que continuar por el sendero que discurre inicialmente más cercano a las vías.

Los Siete Picos desde el Collado Albo
Muy próximos, un poco hacia el Este y a un nivel inferior, se encuentran los restos del apeadero homónimo. Vale la pena hacer el pequeño esfuerzo de bajar a conocer este lugar. Fue el primer apeadero en ser abandonado y es el tramo más largo con perfil horizontal de toda la línea entre Cercedilla y Navacerrada, con una distancia de poco más de 100 metros. Entre sus ruinas, aún queda en pie una fuente que recuerda tiempos mejores.

Apeadero de Collado Albo
De vuelta al Collado Albo propiamente dicho, se sigue por el sendero que sube hacia el Noreste y, cuando este comienza a bajar, se abandona y se continúa la ascensión, rumbo Norte, por la loma que separa los valles de Siete Picos y Navalmedio, monte a través, hasta alcanzar los riscos pedregosos de Pimpolla Negra, a 1887 metros de altitud, desde los que, nuevamente, se tienen magníficas vistas en varias direcciones.

Alto de las Guarramillas (Bola del Mundo) y La Maliciosa, vistos desde la Pimpolla Negra.
A partir de aquí, para regresar, lo mejor es tomar la bonita y quebrada Senda Herreros hacia el corazón del Cóncavo de Siete Picos, abandonarla junto a la Fuente de los Acebos, su punto inferior, y seguir bajando por la senda que discurre cerca del cauce del río Pradillo hasta encontrar el camino junto a las vías, ya conocido de la ida. Los seguidores habituales de este sitio ya conocéis la Senda Herreros por estar incluida en esta ruta: clic aquí.

Por la Senda Herreros
Tanto el Collado Albo como la Pimpolla Negra son lugares relativamente poco conocidos, en los que se puede disfrutar de hermosos paisajes en soledad y silencio; aunque, ciertamente, en la Sierra de Guadarrama no existe ningún sitio absolutamente solitario. El disfrute que produce la belleza del área se complementa con el ejercicio de la imaginación que se ocupa en fantasear acerca de aquellos años en que unos soñadores abrieron brecha en esta montaña, labrando los primeros senderos y propiciando la construcción de la vía férrea que habría de permitir a la gente acercarse a estos magníficos parajes.


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