rutas senderismo bicicleta de montaña noroeste madrid mountain bike mtb bici todoterreno btt mountain biking ciclismo montañismo

Los Pinganillos

NOTA: Este artículo pertenece a la sección <<¡Tu turno!>>. Para ver rutas explicadas con detalle debes dirigirte al Índice de rutas (página principal).

Quien eche un vistazo somero a un mapa de La Pedriza del Manzanares, advertirá que el centro geográfico de la misma se sitúa en la cuerda de Los Pinganillos, en cuyo inicio destaca el risco de El Pájaro, emblema, con permiso de la Peña del Yelmo, de todo el conjunto montañoso.

Y quien se adentre por primera vez en el corazón de la zona, se sentirá inmediatamente atraído por esa fantástica escultura pétrea, tallada por los agentes erosivos a lo largo de los siglos, así como por la colosal figura ecuestre, de nombre Los Guerreros, que la sucede en ese cordal que se prolonga hacia el Noreste.

Los Pinganillos
Desde que, en la primavera de 1916, se conquistase por primera vez -que se sepa- la cima de El Pájaro, este risco se ha convertido en objetivo primordial de los escaladores. Sin embargo, nada tiene que ver el espíritu de las ascensiones modernas, logradas por medios artificiales, a base de anclajes metálicos y quincalla variada, con el de aquellos aventureros -Zabala, García Bellido, Meliá y Schachtzabel- que hubieron de formar una torre humana para, de ese modo, poder elevarse desde el "cuello" hasta el primer punto de agarre practicable en la cabeza de El Pájaro.

El Pájaro
Las cimas principales de Los Pinganillos son inconquistables mediante la escalada natural, aunque sí que es posible llegar a puntos muy próximos realizando trepadas asequibles, sin asumir grandes riesgos. Uno de esos lugares, de extraordinaria belleza, es la terraza ubicada entre los riscos de La Muela y Los Guerreros. En este espacio, ademas de magníficas panorámicas, el excursionista hallará dos curiosas sorpresas: una pequeña charca estacional y, en la base de La Muela, una especie de jardín en miniatura donde un puñado de arbustos y escasas herbáceas sobreviven milagrosamente arraigando en una fina capa de polvo depositada sobre la roca estéril.

Los buitres otean sobre sus dominios, posados sobre La Muela (risco situado en primer término) y sobre la cabeza de El Pájaro (risco situado al fondo).
Todos estos peñascos están llenos de buitreras. Es un punto de observación inmejorable para admirar las evoluciones de estos imponentes animales. Impresiona escuchar el sonido que producen al cortar el aire con su majestuoso vuelo, a escasos metros por encima de nosotros, cuando vienen a posarse en estas atalayas.

A pocos metros se puede visitar el conocido como Salón del Pájaro, antesala de una angostura que finaliza junto a la cabeza de ese risco.

En el lado opuesto de la terraza, se yergue la ciclópea figura de Los Guerreros, capricho tallado por la acción erosiva del agua y el viento, y que parece estar adherido a la roca basal con posterioridad al génesis de la misma.

Los Guerreros
Por su cara norte, estos riscos se desploman sobre un callejón. Al otro lado del mismo se levanta una peña a la que es posible encaramarse. Para entendernos, le llamaremos Risco de las Arañas Negras, pues precede a la inclinada Torre de las Arañas Negras, a la que tapa completamente desde algunas perspectivas, y con la que se confunde habitualmente. Para conquistarlo, basta con pasar a través de una patente brecha y trepar por la cara opuesta. Las vistas hacia el circo montañoso son inmejorables, ya que la panorámica es diáfana.

Risco y Torre de las Arañas Negras. Entre ambos, la brecha por la que se accede a la cara opuesta para poder trepar a la cima del risco.
Más arriba, la cuerda de Los Pinganillos continúa con las impresionantes peñas de Pequeño Molondrio, Gran Molondrio y Cancho Buitrón. A esta zona se puede acceder, bien superando unos pasos bajo roca en el extremo superior del callejón, bien partiendo del sendero que discurre junto al arroyo que desciende desde la pradera de Navajuelos.

Corredor entre Cancho Buitrón y el Gran Molondrio. Al fondo, entre ambos, las Dos Torres.
Más arriba se sale a la Pradera de Navajuelos, de cuyas maravillas ya hemos hablado en la descripción de otras rutas.

Son diversos los senderos que permiten la aproximación a Los Pinganillos. Se puede ir a esta zona durante muchos días variando siempre las excursiones. Existen distintos callejones, alguno de ellos bastante desconocido, que permiten la ascensión a la zona de cumbres. Eso sí, se debe de tener prudencia, especialmente en la vertiente sur, ya que el terreno es muy abrupto.



o