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Manifiesto

Quienes amamos la montaña y practicamos deportes en ella compartimos, generalmente, cierta forma de sentir y de pensar. Para nosotros es fundamental el respeto al medio ambiente y la conservación de los espacios naturales, de modo que puedan ser disfrutados por todo el mundo y por las generaciones futuras. Cuando salimos al monte esperamos deleitarnos con la contemplación de los paisajes, la exploración del terreno, la visión y el conocimiento de la flora y la fauna del lugar y recrearnos en un paraje virgen.

La Administración Pública debe garantizar a la población el derecho al uso de estos espacios, adoptando las medidas necesarias para su protección, y, del mismo modo, todo excursionista ha de ser consciente de que está sujeto a unos deberes, de modo que el desarrollo de sus actividades de ocio cause el menor impacto posible.

Lamentablemente, la falta de educación en general y medioambiental en particular, unida a la masificación de los deportes de montaña, está actualmente provocando graves daños en nuestro entorno. La moda de practicar varias disciplinas de estúpidos nombres terminados en "ing", impulsada por los grandes negocios de venta de material deportivo, ha lanzado a los senderos a hordas de cretinos cuya finalidad, lejos de deleitarse con lo que la naturaleza ofrece, consiste en fomentar el culto al músculo, batir récords y exhibir caras y fosforescentes vestimentas.

Esta clase de individuos pedalea, trota, corre o trepa, sin que les importe un pito el valor de lo que les rodea y sin pensar en los demás. Así, trituran las plantas saliéndose de los caminos, arrojan por doquier los envases de sus barritas energéticas y de sus bebidas isotónicas, gritan como energúmenos para hacerse notar, espantando a la fauna y a quienes buscan paz en estos parajes, y erosionan o destruyen las rocas taladrándolas con clavijas y quincalla variada.

El verdadero deportista respeta el entorno y recoge su basura, se mueve en silencio, sabe que no es necesario salirse de los caminos para disfrutar de un descenso en bicicleta, y que no hace falta abrir una nueva vía de escalada a escasos metros de donde ya existe otra, que nadie va a inmortalizarse por semejante "hazaña".

Es injusto que las personas civilizadas y solidarias, que acuden a la montaña a disfrutar de su tiempo libre, se tengan que entretener en recoger las basuras que otros han dejado donde no debían. Resulta desolador ver los jarales "engalanados" con pañuelos de papel usados. Da rabia intentar escuchar el canto de un pájaro y oír los alaridos de un cafre, y contrista advertir que el goce de escalar una montaña de modo natural se sustituye por el mecanismo de avanzar artificialmente a lo alto de una pared por medio de aparejos y a costa de dañarla.

Es indispensable educar desde la infancia para erradicar ese tipo de comportamientos incívicos. Y todos los amantes de la naturaleza debemos contribuir dando buen ejemplo. Nuestros espacios naturales son un valioso patrimonio común que hay que cuidar y conservar.

RESPETA Y CONSERVA EL MEDIO AMBIENTE
NO DEJES BASURAS
NO TE SALGAS DE LOS CAMINOS EXISTENTES
NO DAÑES LA FLORA Y LA FAUNA
TRANSITA EN SILENCIO